viernes, agosto 04, 2017

Soñé que me echaban de mi laburo. Trabajaba de comunity manager, de una compañía clase B que vendía un arsenal de productos para luchar contra los piojos. En mi sueño yo abría y cerraba pestañas frenéticamente, pero no sabía que poner, ya había agotado todo lo que había para decir, estaba seco. La compañía tampoco me ayudaba. El último producto que habían lanzado al mercado era una especie de shampoo que venía en dos envases: uno grande y uno chico. El shampoo del grande mataba a los piojos grandes y el chico hacía lo propio con los piojos pequeños. Si usabas los dos productos a la vez, el efecto mortal se anulaba y no morían ni los grandes ni los pequeños. Yo acompañaba los posteos con frases del estilo: “no sea atolondrado porque si no, en esa cabeza, no pasará nada J J J”. Después que me echaron ahí estuve un tiempo sin trabajo hasta que salió una nueva red social. El nombre era algo así como ”kfushhh” o esa sensación sonora de ir caminando al costado de la ruta y que te pase un auto a toda velocidad. En esta red social los caracteres alfanuméricos no te servían de nada, las fotos eran rechazadas, solo podías subir sensaciones utilizando un hardware que te enchufabas al cuerpo. Me desperté y posta que hasta ese momento aún no sabía cómo se usaba, ni para que serbia, ni porque alguien me iba a pagar para que trabaje en eso…  

lunes, junio 26, 2017

La historia es asi: se te ocurre una idea de una app que puede funcionar y hacerte millonario. Me contactas a mi, porque sabes que ando ahí haciendo cosas con computadoras. Yo te explico que no hago apps, pero que igual esa idea que se te ocurrio ya existe. Dos días después el ciclo vuelve a empezar.
Entonces, lo que sugiero es que de ahora en más, cuando se te ocurra una nueva y brillante idea para una app es dibujarla.
A mi se me ocurrió esta, vaya y pase...


lunes, septiembre 05, 2016


En Mayo del año pasado hice un viaje de un mes por Europa. Decidí no llevar cámara fotográfica y obligarme a escribir todos los días en un cuadernito que compré para la ocasión. 
Hace ya un tiempo lo pasé todo eso a un Word y después jugué a completar todo el proceso. Se lo pase a algunos amig@s para que lo corrijan, armé unos fanzines, lo subí a https://issuu.com/ionito/docs/binder1 y hasta investigué como era armar un ebook para kindle. Lo pueden descargar desde acá: http://www.cosopiola.com/download.php
No estoy seguro si a alguien (que no sea yo mismo) le pueda interesar, pero si tienen ganas de leer algo por ahí, quien sabe, digo..., no?
:-)

lunes, noviembre 09, 2015

Volviendo de Ezeiza por la autopista cargada
tomo un MDMA para olvidarme de tu marido.
Es de día y llueve.
Bajo la ventanilla y dejo que la brisa me abolle la cara.
Me acuerdo de un poema de Carver,
donde manejaba ebrio junto a su hermano
y que la sensación esa 
de que pase algo malo
es inevitable e inminente.
Pienso en infografías
en cuanto tardan en crearse y cuanto en destruirse las cosas
en que tan cuantificable es el efecto de la distancia.
La máquina protesta
hace los kilómetros a paso de hombre,
la otra de tanto maquinar
va trotando a pelo suelto sobre un puñado de sentimientos rotos.
Medios sobre medios colapsados 
sobre medios eufóricos
sobre medios que no tienen más alternativas.
La línea amarilla indica no pasar 
pero quiero ser kamikaze.
Me permito escribir en la agenda
“Háblame del futuro” y acelero
Y al kilómetro siguiente enmarco la frase, la subrayo fuerte.
La radio no sintoniza. 
Suena desteñido un rock pesado
En el peaje cuando empiezan las bocinas
respiro con una técnica que aprendí años atrás
en tres clases descontinuadas de yoga.
Siento el efecto de la droga en el ojo derecho.
Creo que el mundo está mal y que vos tenes un superpoder.
Soy optimista, pero no se quién soy.
Te digo al oído antes que te duermas:
-Te pareces mucho a Cindy Sherman
-Te pareces a Julian Moore
-Te pareces a Natali Portman

martes, febrero 17, 2015

¿Te acordas de ese mediodía? Hacía mucho sol espléndido, yo estaba de manga larga y jean. Era día de semana pero me había quedado en tu casa, tenía cosas para hacer, pero íbamos a almorzar juntos. Después me iba, habíamos quedado. Primero caminamos rumbo a la plaza, buscando una verdulería. Nos cursamos con una motorhome abandonada, la chapa graffitiada era el relato, entre las lagunas de óxido. ¿Vivirá gente ahí dentro? Te pregunté ingenuo. Las telarañas son indicadores, carteles luminosos del paso del tiempo. Hablamos poco, no sé,  pero sonreímos casi las tres cuadras. Me señalaste un GYM sin ventanas. Tenías ganas de hacer algo, me dijiste, habías averiguado. Pero la penumbra irradiante de ese bunker precario enterraba la cuota de gracia que aportaba la cercanía. Endurecer cosas, músculos, sentimientos, etc. Era tu barrio, pero la verdulería estaba cerrada o ya no estaba más ahí donde dijiste. Tachamos la idea de ensalada mientras la perpendicular de la plaza nos llevaba a una pizzería.
Empanadas. Dos y dos. Una mini tarta para compartir.
No recuerdo el nombre del lugar. Por fuera parecía sencillo. Por dentro la temperatura subía unos cinco grados. Por sobre el mostrador vimos un viejo doblado, pelando cebolla con un balde entre las piernas. Re italiano el viejo. Además la decoración del lugar se pasaba de increíble. Como no teníamos cámara usamos mi celular. Te enseñe la clave para desbloquearlo: “2121”. Foto tengo, de una pared de madera en la cual el señor de la cebolla simulo de manera analógica, un muro de Facebook. Todas las fotos atonales y desgastadas, después de unos segundos de contemplación atenta, lo mostraban a él. Todas las fotos eran el señor de la cebolla en algún momento de su vida: abrazando a alguien
solitario con bigote
sosteniendo a upa un crío.
Una locura. En otra foto están tus piernas, flotando sobre ese piso de granitos que me hace acordar a la tele cuando no sintoniza nada. Otra foto más, de mi sentado con las piernas cruzadas y a vos se te ve una parte en el reflejo de un espejo.
Con las empanadas calientes y algunas servilletas apiladas buscamos un lugar en la plaza. Desde el banco, pudimos ver a una señora, haciendo vagos movimientos aeróbicos guiada por lo que suponíamos era su personal trainer. Una mujer con más estado físico, unas calzas más modernas y otra actitud en los movimientos. Detectamos un patrón: otras dos señoras daban vueltas paseando un perro. Exactamente tardaban seis minutos, una empanada, dieciséis abdominales de la señora, treinta y dos de la personal trainer, en volver a aparecer frente a nuestras miradas.
Coincidimos en la técnica de comer con las piernas abiertas para esquivar las gotas de aceite caliente. Me encandilaba el sol así que achinaba los ojos y entre bocados te besaba el borde del cuello. Como las servilletas esas no absorben, cuando nos ibamos, de pasada, nos limpiamos acariciando la madera.
Todo era felicidad. En el camino de vuelta pensamos en comprar helado.
Miércoles. No importaba nada.


viernes, diciembre 19, 2014

Infografía

Scioli y lo que siempre flashie con el asuntito este de su mano


domingo, octubre 19, 2014

Escuela técnica [segunda entrega]


Deporte hacíamos en las Tres Villas, un complejo municipal ubicado en la justa intersección de tres conocidos barrios bahienses: Villa mitre, Tiro Federal y Bella Vista.
El complejo contaba con una cuidada pista de atletismo, dos baños y tres canchas de fútbol en condiciones deplorables.
Cierren los ojos, google maps: tienen que suponer al complejo como un gran rectángulo. El lado Sur daba al barrio de Villa Mitre, la cara oeste apuntaba a Tiro federal y la cara este a Bella Vista. El limite superior era tierra de nadie. Una calle de arena y yuyo, de toscas generosas,  de goma neumática enterrada, caspa de ladrillo y botellas rotas, de forros secos, de alambre de púa, de papel higiénico enredado en los troncos y el tetrabrik floreciendo con la templanza que solo brinda un entorno natural.
Bordeando ese limite, una colina y al otro lado, el dark side, el temido barrio de Villa Perro. Se rumoreaba que a la entrada de Villa perro había una cartel que rezaba: "entra si queres, salí si podes". Tal vez por esto, nosotros, los del curso, legitimábamos a  Villa Perro, como un cuarto dueño de ese complejo oficialmente  tripartito. Nos andábamos con cuidado por la zona. El Walter Altmair, compañero de curso, era de ahí. Nadie corría tan rápido como el.
Walter no hablaba mucho, era un pibe retraído,  tan alto como morocho y de musculatura fuertemente marcada. Sus abdominales eran como sucesivas puertitas de un ropero. Tenia una cicatriz en el pómulo que le copiaba con exactitud la curva inferior del ojo. Este estado musculatorio adicional al folklorico corte facial y en combinación con los proliferantes rumores de diversos aconteceres de la villa, daban por resultado una especie de contrato implícito entre los pibes del curso: nadie se metía con Walter.
El Walter entendía esto como un gesto de gratitud y tampoco se metía con nadie.
Una vez nos contó
que
en Villa Perro
una vez
paso algo
y que
fue la policía
y parece que
los obligaron
a que se vayan
y que
desde ese entonces
la policía,
a Villa Perro,
no entra más.
Con eso ya nos alcanzaba, nos era suficiente, teníamos imaginación y no era necesario preguntar. Aparte recuerdo haber pensado: "no vaya a ser que el andar preguntando, al Walter le incomode".
Los días que nos tocaba deporte, nos quedamos al finalizar las clases en la escuela. Haciendo uso del olfato, el día de gimnasia, se anunciaba en el aula desde temprano. En verano, las milanesas transpiradas flotando en el puré, alcanzaban su punto máximo de presencia a eso de las once. Cuando terminábamos la cursada teníamos aproximadamente cuarenta minutos para comer y cambiarnos.
Para llegar a las tres villas desde la ENET teníamos que cruzar el parque Independencia.
El parque contaba con un zoológico en marcada decadencia. Las llamas de tan deshidratadas casi que no escupían. La jaula de los coaties era eso: una jaula, donde pese a la insistencia, nunca vimos nada. Los monos tenían la piel tan curtida y erosionada que suponíamos que se la masticaban entre ellos. Desde que vio un documental en el Discovery, Gallardo siempre guardaba un poco de su almuerzo para dejárselo a los monos. Se convenció con ese discurso de "familiares lejanos" y no quería estar en falta.
Otra cosa destacada del paseo era el foso del león. El olor del viejo animal era lo más feroz en varios metros a la redonda. Calaba nuestras fosas nasales con la fuerza toxica del amoniaco. Este olor casualmente era similar al de los baños del complejo. Mientras caminábamos rumbo a las Tres Villas solíamos elaborar delirantes teorías que explicaban de manera lógica los hechos. Gatica llegó a convencernos de que ciertas noches de jarana, un encargado municipal disfrazado de gladiador montaba a pelo a Zimba para darse unas vueltas por la pista, luciéndose ante un grupo de conocidos para levantar alguna que otra moneda por el acting. El baño hacia de camerino hasta que la gente ya estaba ubicada y de ahí el olor a felino remanente.
Cuando llegábamos al complejo estábamos en pleno proceso de digestión. Eructabamos parejo y destilábamos mandarina. Ahí , ya  nos esperaba, el profesor de gimnasia, el viejo Taberna. 
Taberna era un viejo forro, de porte militar y bigote en perfecta escuadra, todavía atlético para su edad avanzada. Sus pantorrillas parecían tener la rigidez del pollo.
Haciendo uso de un lenguaje arcaico nos daba las instrucciones de la clase. Hacia referencia a la hora de clase como "estimulo".
Nosotros sabíamos de Taberna por las generaciones de alumnos anteriores. Uno de tercer año me había hablado de el un par de veces mientras hacíamos cola en la fotocopiadora. Taberna era conocido por ser un devoto del test de cooper. El test es una prueba atlética que consiste en correr durante 12 minutos seguidos a una velocidad constante la mayor distancia posible. El test tiene por objetivo llevar al máximo la capacidad física, respiratoria y cardiovascular de la persona llevándola a un punto cercano al agotamiento.
El viejo cruel te exigía clase a clase, superarte un mínimo de veinte metros. Cuando llegaba la época de calor era moneda corriente ver, al costado de la pista, chicos vomitando, despatarrados en el pasto, exhaustos y jadeantes. Yo advertido de este modus operandi había regulado en las primeras incursiones y la zafe aumentando de manera escalonada esos metros exigidos. El Walter por el contrario siempre corría al máximo y siempre se superaba. No había en el cálculo ni especulación.
Recuerdo por esa época haber soñado estar a un costado de la pista y presenciar un duelo único. En el carril interior el viejo león quemando sus últimos reservorios de juventud, exigiendo la naturaleza al máximo, para en la recta final estar a la par del Walter, que corría sin demostrar esfuerzo, con el pecho descubierto y haciéndose visera con la mano.

miércoles, julio 23, 2014

Surcando el otra vez estado
donde ningún valor esta en pie
Los dedos para adentro,
la voz de la afirmación
devenida murmullo...

Sentís el virus adentro
desconfías del fugaz amparo de las palabras

Dicotomía.

A buscarte viene ahora
otro nuevo fin del mundo.

sábado, julio 12, 2014

Momento Informágico

Recordé un momento (infor)mágico: 
Hara unos años, cuando los mouses venían a bolita, nos veíamos obligados con cierta periodicidad a hacer un párate operativo y voltear el periférico cual si fuera una mulita. 
Ya patitas pa´rriba la operación era quirúrgica: 
media rosca a la derecha
liberar la pelotita 
y rasquetear con el dedo indice hasta sacar la pelusa enredada en las roladanas.
Este acto era sumamente gratificante, casi como escarbar un ombligo propio.
Por lo general los resultados obtenidos eran inmediatos y el mecanismo volvía a funcionar con normalidad. Uno se sentía útil y respiraba con la tranquilidad reconfortante de una tarea realizada.

Tarjeta BEBE

Reconozco que dibujando soy un desastre. Pero la idea es buena eh, no me digan que no... Unios bebedores del mundo!

Objetos en extinción

Te acordas de la primera vez que leiste "made in china"?

sábado, marzo 15, 2014

Escuela Técnica

Siempre estuvimos convencidos de eso: levantarse con la pija parada era producto ineludible del buen dormir. En nuestro imaginario esto estaba científicamente comprobado por especialistas de bigotes, onda pancho Ibañez, que desde que tenemos uso de razón aparece ahí en la tele, para legitimar cualquier producto que toca valiéndose de un casco o de un  guardapolvo blanco o como los otros, que te venden pasta para dientes y sus estudios dicen que te dejan los molares relucientes como piso de shopping. Pensábamos eso, que el pito parado a la mañana era algo científico, estadístico y también burocrático, como un ticket que te queda en el bolsillo después de un viaje larga distancia.
En nuestro curso casi que no había mujeres, suponemos que eso ayudaba a la fundamentación. Las mujeres, tal cual hoy las conocemos, emergían en ese otro terreno onírico, pululaban en ese otro espacio propicio para la materialización de los deseos. Entonces claro, nos costaba salirnos. La alarma polifónica, una cachetada seca de un padre resignado, un grito agudo de madre que pinchaba los tímpanos, no hacían otra cosa que luchar cuerpo a cuerpo con un inconsciente musculoso que decidía tomar riendas en el asunto y tirar el ancla, clavarnos a la cama como si fuera esta una pendiente y testarudo ese pito como una garra de gato que se aferra fuerte para no dejar caer al cuerpo, a la realidad seca.
Y caer era chupar el frío de la seis treinta aeme hasta que el bondi pase y de mientras, hablar y largar humito y esperar hasta los primeros rayos de algún sol que descongele alguna idea. Pero eso, con suerte, pasaba mucho mas tarde. Cuando llegábamos a la escuela técnica todavía estábamos tontos, adormecidos, con la sangre circulando en loop, boba, en el bajo.
Nuestro curso era un segundo piso por escalera de una escuela con estructura carcelaria. Desde todos los corredores se podía ver el patio, el único lugar abocado a la recreación.
Envidiábamos al curso vecino, orientación maestro mayor de obras, que contaban con un porcentaje mayor de mujeres por capita. Tenían siete contra nuestras tres futuras técnicas electrónicas. Para colmo había una de las siete que era la linda de la ENET, por lo cual considerábamos esto como una descarada injusticia distributiva. 
"encima las tres nuestras no hacen una" repetía todos los días Silvestri resignado, cada vez que la veía pasar a la quetejedi de la belleza yendo a buscar planisferios a la mapoteca.
El show lo daba Navarro, los días esos que venia motivado. Navarro se sentaba atrás mío y anunciaba el devenir de su acto con un chistido. Ahí nomás nos dábamos media vuelta, formábamos una especie de semicírculo. Navarro acomodaba varias carpetas sobre su falda, clavaba visiblemente sus piernas rígidas sobre el piso. El "speach" a un tono moderado para no distraer al maestro de turno y  con la cadencia del vendedor de feria decía: "prepárense para ver el poder de la mente humana, por única vez ante ustedes, el poder telekinetico del mas allá" y ahí nomás,  sacando a relucir sus dedos índices, los apoyaba en la sien, irradiando ondas como Acuaman, para que podamos ver como las carpetas sobre su falda comenzaban a elevarse. Un trabajo hidráulico, de ida y vuelta, que nos dejaba atónitos. Poder mover la chota así era una de sus virtudes. Después sacaba la manos de su sien y el poder telekinetico se transformaba en unos piolines invisibles de esos que se usan para mover marionetas. Las carpetas respondían, así que Gallardo, hijo del rigor, jugaba a apilar mas libros sobre estas. Gallardo quería llevarlo hasta el limite. Ah, hablando de libros, me acuerdo de Rojas, cuando se apareció un mañana con "la mano izquierda de la oscuridad" de Ursula K Le Guin. Nos le cagamos de risa. Gallardo fue el primero que tiro "gordo, no jodas, si todos sabemos que vos te la haces con la derecha". Después con el tiempo nos convenció de que la idea de Ursula era buena: un mundo de hermafroditas donde en cierto momento del año, comandados por un instinto animal, los humanos estos ganaban sexualidad y se definían pudiendo ser macho o hembra.  Paradojicamente, el libro circulo de mano en mano. Flasheabamos todos los hombres de la técnica con esta posibilidad. Gallardo decía que teníamos tanta mala leche, que seguro, si este mundo utópico se materializaba, a nosotros nos iba a tocar ser a todos mujeres a la vez.
"Por ahí tenia razón" pensaba resignado mientras se derretía el estaño y el cable rojo pasaba a formar parte de la plaqueta.

domingo, agosto 25, 2013

Garganta profunda


Me mandaron a mí porque era el más alto de todos. Me empujaron y se escondieron entre los ligustrines esos de la plaza Rivadavia, atrás de los bancos,  donde se sentaban a leer los viejos.  Yo avanzaba lento, titubeando, con la tensión de lo prohibido regándome las manos. En el puño cerrado las monedas parecían derretirse en un rio de transpiración feroz y fundirse con los escasos billetes. Eran los noventas menemistas y yo apenas un pibe de doce años con una marcada desproporción corporal para la edad que tenia. Volví a girar la cabeza. Mis amigos me habían confiado el paso culmine de la misión que habíamos planeado meticulosamente por varias semanas. Malversación de fondos familiares: la mensualidad que nos daban nuestros padres no iría destinada a la compra de Mogul, YumiGelatin, ni pastillita Yapa. Estábamos decididos a invertir en pornografía, mas específicamente en un VHS. Pornografía en movimiento, nada más cerca de la realidad en esa época.
Llegué al puesto de revistas y traté de resumir mi intención en un gesto. Señalé de inmediato casi sin mirar porque ya conocía (de pasadas previas, de relojear como quién no quiere la cosa) dónde estaba el sector de las prohibidas. "No señor quioskero, no busco nada en especial, imagínese que con mi edad estoy en tabula rasa, cualquier concha para mí vale, cualquier teta es campamento, aparte, qué voy a andarme eligiendo, si el nylon que las envuelve es negro, nada sé para prejuzgar, para sacar alguna conclusión apresurada, recomiéndeme usted mejor". Todo eso pensé con el dedo índice extendido.
"Esa está bien", me salió decirle cuando vi ya su mano encaminada hacia una de las revistas. Entonces todo parecia estar saliendo bien. De reojo veo a mis amigos saltando de alegría, ya pensando en el futuro, un countdown implícito para el "know how", para llenar de contenido el imaginario de esas pajas, hasta ese momento,  mecánicas y funcionales.
El kiosquero me extiende su mano. Agarro el video con la derecha y sacudo la izquierda con la palma abierta, liberando la plata con las monedas. En un calculo mental me doy cuenta de que hay plata de mas, pero decido no esperar el vuelto. Era una operación relámpago y el tiempo que le llevara contar todo eso, ponía en riesgo el éxito de la misma. Le digo gracias y camino lo mas rápido posible hacia el punto de encuentro, la esquina opuesta de la plaza Rivadavia, a la altura de los toboganes.
Todos me palmean la espalda.
La avant premier seria  tres días después, en un "pijama party" que Emanuel estaba organizando en su casa. Estos eventos eran comunes en los noventas menemistas. Era la única actividad nocturna para chicos de doce años que estaba bien vista familiarmente y el hecho de no contar con una presencia adulta supervisora nos permitía disponer  de cierta autonomía.
Aparte, cada uno de nosotros debía llevar una bolsa de dormir. Dentro de esta, podríamos incrementar esta autonomía, y claro esta, hacer de muestro culo un pito.
El estreno fue épico. La película detrás del film negro era ni mas ni menos que "Garganta profunda". Trata de una mujer, Linda Lovelace, con un big grand problem: no logra alcanzar el orgasmo. Para solucionarlo, acude a un doctor, que después de ensayar varias e innecesarias  poses sexuales, detecta que el clítoris de Linda, se ubica en la zona de  su garganta. Entonces, en lugar de recetarle corticoides o algún tratamiento de electroshok alternativo, opta por el método de sanación natural: Linda va a tener que chupar pija hasta que le baje. Ahí nos dimos cuenta de que el clítoris de Linda, no solo estaba en su garganta sino que también estaba montado sobre una especie de ascensor.
No logramos contener nuestras carcajadas. Soltamos nuestros pitos para aplaudir. Lloramos de la gracia. Imitamos un poco los jadeos, para pasar el rato. Finalmente, y contra todo pronóstico, el doctor da en la tecla: la chica se cura y triunfa la ciencia. En este punto vemos la fachada de una iglesia y fuegos de artificio en el aire. Claro, porque en el imaginario de la gente el orgasmo femenino es eso: fuegos de artificio en la fachada de una iglesia.

martes, julio 09, 2013

Estabas ahí,
en el sentido más básico del verbo estar
no tenias trabajo
no eras turista
no tenias cosa pendiente por hacer
no tenias objetivo
no tenias funcionalidad

Estabas parado en una intersección
de otras tantas posibles


Y contemplabas.

viernes, junio 28, 2013

RE: desmiento estar enamorado

Lo primero que hago cuando me gusta una chica es googlearla. Miro en cuantas páginas aparece, si rankea antes que la casa de ropa que lleva su mismo nombre
si es única
o si curiosamente tiene varias tocayas esparcidas en el mundo.
Después la agrego a todas las redes sociales habidas y por haber.
Cuando la veo online, me pongo online. Aparezco y desaparezco siguiendo simétricamente sus movimientos.
La internet es un espejo, una interconexión, un portal que me permite acompañarla a la distancia, desde este mas allá ignoto.
No es de stalker mi comportamiento. Yo no busco obtener ninguna información. Mi obrar es el del perro callejero que te sigue en el invierno crudo a una distancia prudente, sin molestar, sin esperar nada a cambio.
Aunque reconozco
por ahí
cuando estés cerrando la puerta de tu edificio
transparente
si es que me miras
ahí
en el frío abandonado
tal vez te ladre
te ponga mi mejor cara de bueno.
Faveo todos tus tuits y con ese envión, pongo "me gusta" incluso en estados poco felices. Tengo mala yunta, es cierto, elimino y agrego, veo tus amistades nuevas. Voy recolectando las miguitas que dejas, los videos que viste, aprendí a vivir mal alimentado, sin vitamina C, encorvado de la desnutrición me doblo,  entre la tecla U y la I encuentro una uña.
Me preguntas quien soy, porque te agrego, si es que ya nos conocemos.
Yo solo vi,
una foto en maya,
tuya,
en Camboriú.
La abrí en el photoshop de mi cabeza y me puse al lado.
Te contaba de lo mucho que me gustaba "el traductor" de Benessdra.
En otro layer paralelo te metía libros en la mochila, arena en el culo, nos reíamos acompañando las olas. Soy multitasking, puedo estar con vos y jugando al solitario, puedo estar con vos y al mismo tiempo buscando a Carmen San Diego. ¿No es acaso este acompañamiento el más perfecto?
Estar interconectado.  

lunes, julio 23, 2012

Banda de rock "los pelados"

Primero llega uno tipo y empieza a acomodar milimétricamente los equipos. Pareciera que hay un orden indiscutible, cargado de profesionalidad. El amplificador de la guitarra en perfecta escuadra con el retorno, la batería centrada, el teclado en la bisectriz de esta con los parlantes de retorno.
Llega el primer pelado y desenfunda una Fender azul.
Afina, prueba sonido y el correcto funcionamiento de la pedalera en doce acordes consecutivos altisonantes.
Un rato más tarde van a llegar los otros. Los pelados van cayendo como desde un cuentagotas. Es el modus operandi de los pelados.
Entonces, a cierta hora, ya con una alta carga de pelado x metro cuadrado y sobrepasando por amplio margen la hora pautada del recital, al publico presente le dará la sensación de banda completa, de inminente comienzo de show.
En ese momento, un pelado de chaqueta pulcra ("creo que ese pelado es el cantante"), se excusara diciendo que aun faltan dos pelados más, integrantes fundamentales que hacen al show y debemos, con paciencia,  esperar. Termina con un grito de "Mientras a seguir bebiendo que me dijeron, se acaba el mundo".
Los pelados se mueven con naturalidad por el local, aunque si, es sospechoso si, que cuando un pelado se agacha (sin motivo aparente), los restantes pelados también lo hacen, al unísono.
Eso, hasta ahí te acordas, entre el dolor de la duda y la obstinación de la resaca. "Tocaron los pelados?" - Te pregunta tú novia mientras te entreteje con los brazos, enroscándose entre la cama y la mañana.  Sonaron muy bien, estuvo zarpado, me sale decir. Pero ahora que lo pienso, no estoy nada seguro.

domingo, julio 01, 2012

x+1= true

Falso invierno.

 El sol hace
el efecto de la adolescencia
 contra las cosas.

Por un segundo
volves a ser la espalda contra el cemento
sucio
una futuro eléctrico
prometedor
la mano de una chica
que te rasca la nuca
en la puerta de una escuela técnica.

martes, mayo 08, 2012

Película: El gran banquete (1973) 
-Ser o no ser hamletiano con una cabeza de vaca.
-Comer hasta morir, como lima nueva, barril sin fondo, comer-vomitar-comer, comer el almuerzo para poder comer la cena, comer y reventar, comer sin fin.
-La banda de sonido es intestinal, prácticamente.
 -Si pensamos como resolver distintos problemas de producción y técnicos, nos podríamos divertir un rato. Cuanta de la comida que vemos fue realmente cocinada? o mejor dicho, cuanta de la comida que aparece realmente existió? Los efectos de sonido desinflando globos? Cuando mastican, mastica un extra?
-La maestra y las putas, pegan onda.
-En un Bugatti andar los 40 metros del camino de entrada, hacia adelante y hacia atrás reiteradas veces, para finalmente, llegar a un lugar bonito.
-Acariciar, a la vez, el culo de la gorda y el culo de la estatua.
-La carne, se la dejamos en el jardín. Entre los perros, fuerte carga en las espaldas del bichaje, entre la V del árbol.

Película: Baghead (2008) 
-Otra más. Cine adentro del cine. Son actores igual. Que sea onda "body double" y cruzas los dedos. No.
-Para colarte en los lugares mas top aprendete la técnica del celular. Yo una vez, para no saludar a una chica fingí estar cautivo en un llamada inexistente.
-Ahhh, pero actúa esta minita, que hermosa, ya la viste en "hanna takes the stairs". (Puse pausa y cargue al torrent de trabajo ).
-También pensaste parado frente a la obra del arte conceptual: que poronga. La próxima me tengo que comer, la importancia de las mías. A los 3 meses vas a una muestra y alguien ya lo hizo.
-Identifícate. Cuanta veces quisiste hacer algo con lo que tenes a mano? Desde el apoya pava con palitos de helado, en el jardín, hasta hoy que los envases de shampoo te parecen una obra de arte.
-Después esta bien, la esencia de la película, la naturalidad esa para que te rechacen, para que te des cuenta que no tenes chances, para escribir en un papel que te vengan a coger a la habitación.
-Greta Gerwin es hermosa. Me pasara lo mismo que cuando googlie a "Audrey" de tween Peaks?. Vi la serie en diferido y sherilyn Fenn ya era una señora...

sábado, enero 28, 2012

De nuevo el mar

El restaurante quedaba a dos cuadras de la costa. Una calle en bajada y de cemento áspero, aisladas y a frecuencia regular, emergiendo de este, unas piedras cabezonas y cortantes como cristales. 

Comimos rápido, con el apuro del turista que quiere tocar el mar (para eso dicen, los evolucionistas, están los dedos chiquitos, muertos, de los pies).
Para el cafe, las luces se habían apagado y nuestro grupo era la única causa de bullicio. 
Su opiñon de las ultimas medidas políticas tomadas, el análisis moral y lo que eso implicaba  se gasto en el eco, en el rebotar solo, pared tras pared, dandonos a entender (el medio es el medio) que ni dueño, ni mozo, ni nada, quedaba.
Supusimos cuanto habíamos gastado y dividimos con un cel. 
Los billetes arrugados, las moneditas, empezaron a acomodarse cerca de mi copa. 
Implícitamente yo quedaba a cargo de la paga.
El pelado fue el único que en vez de dejar el billete (o los) arriba de la mesa junto con los otros, abrió mi mochila y lo/los dejo caer ahi. Me pareció raro y pensé (si, eso pensé) que tal vez andaba metido en alguna.
No esperé mucho más. Todos se habían ido y nadie apareció para cobrar.
El llamado del mar hizo que me retire,media hora mas tarde.
Ah, dos cuadras en bajada, por esa calle de restaurante, ahhh, el mar.
Los nenes jugando en una orilla muy pegada a la rambla de hormigón, parecían estar dibujados en en plano vertical a mi visión, aprisionados entre ese muro de olas y este. 
Y aun en la imposibilidad física, el mar estaba exageradamente molesto: olas gigantes que avanzaban horizontalmente, barriendo, como un electron de ese borde a este, con amplitudes maximas  que te hacian pensar en el fin de la humanidad.
Y si, primero fue un temblor del piso.
Y una ola que se llevó a todos los crios, con palita, castillo y todo, el parador, la musica y el dj. Una ola, respetuosa  y prolija que nunca sobrepaso la linea del hormigón, se llevo todo,  como el flautista de Hamelin.
Me acorde de la mochila, que me había olvidado en el resto.
¡que tendría adentro?

lunes, diciembre 12, 2011

El rincón del pensamiento lateral