jueves, febrero 15, 2007

Porque Calvino no sacó el Eurailpass....


Una ciudad invisible

En el sur del mismísimo medio oriente, partiendo desde la vieja Jerusalén hasta caer rendido por el brillo del sol, por unos recuerdos tan dilatados como la más áspera de las realidades.
Eylat, rezaba el cartel.
Esta, la ciudad que podría pensarse como un punto ínfimo. Todo estaría tan a mano, tan apegado a lo siguiente que antes de partir a un lugar ya habríamos llegado.
Eso seria tan así, sin contar el exasperante calor y las consecuentes subidas y bajadas del terreno que hacen pendular los asfaltos por encima de la media, hacia el sol.
El exasperante calor, la extrema temperatura, la fuerza para ganarle a los planos inclinados, son los factores encargados y determinantes de plasmar en los humanos (o estructuralmente, plasmar en un modo civil constructivo) las nociones de distancia.
Y así toma forma, el todo conocido y percibido. Un Paso se vuelve en si, cuando pisaríamos la misma partida. El calor y la dilatación, para que vuelva haber un “entre” las cosas. El calor, para que vuelva a haber en las cabecitas de los obnubilados turistas una universal noción de distancia.

7 comentarios:

inja dijo...

Mmm, me gustó lo de la percepción de la distancia, pero por qué ponés "exasperante calor" Ioni? Voy a matarte.

pedro dijo...

aguanta calvino clein

Anónimo dijo...

NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NO NI A PALOS

huevo toresani dijo...

ioni, este blog es bastante maleta, igual te quiero.

huevo toresani dijo...

ioni, este blog es bastante maleta, igual te quiero.

Anónimo dijo...

te olvidaste el detalle de los taxis..que dan vueltas por toda la ciudad y te hacen creer que es inmensa y te cobran un huevo!

inja dijo...

Hoy terminé Cosa de negros, ES UNA VERRRRRGA!!!

Nada, quería decírtelo, si estuvieras acá hubiera corrido hasta tu casa a explicarte por qué con toda mi soberbia. Dos cuadritas nomás, ahora cien mil kilómetros. Igual esto se trata de literatura, no de nostalgia. Ya lo hablaremos. Conseguite El curandero del amor y leamos.