miércoles, agosto 27, 2008

KALI TIJI

Kali Tiji se llamaba el kiosco. Éramos pibes, digo para situar en contexto, no para excusarme. Kali Tiji si mal no recuerdo quiere decir “buena suerte” en algún idioma de la India. Éramos chicos, patinábamos los sábados por la mañana en rollers, por la calle principal que los policías hacían durante de dos horas, a fuerza de impostura y pintura fosforescente, una calle peatonal. El kiosco era un recinto de 2x4, el exterior rojo y superpoblado de letras blancas. El interior con olor a humedad, a cajas de cartón, asfixiante del apile excesivo. Éramos pibes, organizábamos dormidas en las casas patriarcales acéfalas, nos mediamos los pitos con regla de plástico, entrecortábamos en VHS escenas de IT el payaso de la muerte con otras pirotécnicas de Garganta profunda, ingeríamos esos colores brillantes y nos fumábamos con los cuerpos retorcidos de tos el interior de los sobres de te. El kiosco Kali Tiji era un kiosco de morondanga, kiosco de esos cuyo fuerte mercantil se sustenta por la acertada ubicación geográfica (a escasos metros de la calle principal), relegando cualquier atractivo que pueda provenir de su fachada. Un puñado de revistas, una plancha de figuritas de carpeta, letras grandes y blancas, todo puesto en función de entorpecerle al posible comprador la visión interior. Acá entraban los más ansiosos. Fumadores que tenían que noquear el vicio, las madres que debían cortar el llanto pisando la locura. Al kiosco Kali Tiji se entraba por una puerta estrecha, se avanzaba en línea recta (por donde la mercadería permitía), se compraba sin señalar y se salía marcha atrás, controlando la efectividad del movimiento con un leve retorcer de cuello y la mirada de entreojo.
-Vamos a robar una revista- me dijo Andrés.
Éramos pibes clase media, no nos faltaba nada más que la experiencia. Comprobar tangiblemente algunos límites, tensionar la palabra desconocida, raspar la vía publica.
Ahora que pienso, tal vez Andrés no dijo nada, pero en definitiva yo asocio al lenguaje la cuestión del entendimiento, así el error es mínimo. Yo estaba parado a su lado y asentí con un tic de cabeza o pronuncie un “si”.No se de donde había salido esa onda. Creo que Eduardo fue el primero. Como una especie de chiste en otro kiosco venido a menos, de derrumbe inminente, encajado en el alma de un barrio gris naufragando los noventas, atendido por una vieja que no hacia distinción entre los distintos tipos de monedas. Los kioscos eran nuestros bancos y estaban llenos de fallas. A la semana Ema había descubierto el truco para convertir a cualquier empleado en viejecilla. Preguntaba por objetos lejanos, cuestión que el empleado debía alterar su posición estratégica a justa mitad entre guardián de caja registradora y los rendidores diarios o en su defecto encorvarse para llegar al producto señalado, dándole el tiempo de desatención suficiente para seleccionar y esconder en su campera los dulces y pastillas que por su popularidad se encontraban mas a mano. Yo nunca había participado de ninguno de estos timos, ni siquiera podía copiarme en las pruebas del colegio. El miedo que me infundaba era tal que nunca logré hacer foco en una hoja ajena. Pero ese sábado, estaba parado en la peatonal, con los cachetes rojos del deporte y se me invitó al vandalismo. Y yo asentí moviendo la cabeza, o no... tal vez solo dije que “si”.
Ondulamos entere las mareas de peatones que peinaban la vidriera Kalitijiana con pseudo indiferencia. Las revistas se agarraban a una grilla metálica con broches. Así en una primera pasada logramos desarticular el broche, en una segunda tanteamos la viabilidad de sacarla con facilidad entre las otras y en una tercera pasada, actuando un movimiento impulsivo Andrés la agarró. Y una mano agarro a Andrés. Y lo tenían de rehén. Así que a partir de ahí mi papel fue político, entre la ley mayor y la ley oficial, me sentía Bruce Willis (más que nada una cuestión adenalinica). Después del perdón de Andrés (yo estaba a la par como implicado no directo...) exigieron como condición para no llamar a la policía debíamos de comprarles la revista ya que habíamos roto el plástico cobertor. Recién ahí pude hacer foco: era una revista gallega que venia con un CD ROOM. Total novedad, en casa todavía había Atari, ergo: dos cuadrados picando un tercer cuadrado que simbolizaba la pelota y el todo un partido de básquet. Salía como catorce pesos y yo apenas tenia dos y era la mensualidad. Salí corriendo hasta el negocio de los padres de Ema. Ellos tenían un negocio en la galería cercana y eran tipos piolas (tanto que en el ultimo viaje al paraguay Mario le había traído unos Tucanes que criaban en una jaula especial en el quincho de su casa). Murmure un par de idioteces, la temperatura corporal no me hubiese dejado mentir. Catorce pesos, repetí. Catorce. Se los devuelvo en breves.
Y se hizo la transa y nos largaron el sermón de “que nunca más” y que “si había una próxima” iba a ser distinto la cosa. Salimos de Kali Tiji casi paralizados, siendo concientes de nuestra falta. Pensamos en frío: según lo acontecido devolviéndole la plata a los padres de Ema yo quedaba impune. Lo acompañe a Andrés a contarle a su padre de lo sucedido (el dijo que era la única forma de obtener la plata). Yo me sentía doblemente basura. Por un lado por haber estado ahí, haber accedido a participar en mayor o menor medida, por el otro por quedar impune de una acusación directa. Ni bien puse un pie en casa le conté todo a mi Padre. Dio la casualidad que el era amigo del quiosquero y lo llamo y le pidió disculpas. Esa fue la primera vez que decepcione a mi Padre y la última que robe

(bahh, algunas biromes que me llevo del trabajo...)

6 comentarios:

ionito dijo...

Va dedicado al señor Andrés que en reiteradas ocasiones lo pidió.

Costo revolver y sacar info de esas, las glándulas corporales que se dedican a encubrir los errores de acción o determinados obrares que el consejo deliberante juzgo de vergonzoso. Tuve que sobornar a varias partes de mi...

gab dijo...

ja
qué vergüencita




no hubo un robo de chocolate después?

La otra parte de mí dijo...

qué lindo lo que escribiste.está lleno de imágenes y sensaciones.me encantó.

Andres Rapaport(e) dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Andres Rapaport(e) dijo...

Ionito, un saludo!
Me vine corriendo a leerte apenas salto el popup, que bien que inmortalizaste esto che!!!
Uno manda al sotano esos momentos dolorosos y profanar sensaciones de este tipo no siempre es tarea facil.
Como bien dijiste, hace falta remover y sobornar a los guardias que protejen a la honradez y el superego para poder entrar en detalles.

Con el texto revivi muchos momentos, imagenes y sensaciones. Me acuerdo de la remera que tenia puesta aquel dia y de tu cara de susto, reflejo de la mia.

Quisiera poder comentar algunos puntos de vista mios que se me vienen a la mente:

-Fue una epoca de vandalismo preadolescente. Cuando afanaba (-mos, nunca solo, siempre en brigada delincuente) era parte un descubrimiento y desafio a los lados prohibidos de la sociedad, algo como una prueba que nos poniamos a ver cuanto se puede estirar la soga, detonar los lados oscuros de un niño que crece lleno de prohibiciones. No te olvides que aparte rompiamos timbres a rolete, esos redondos de plastico… por el arte de romper las pelotas ilimitadamente.

-El motivo por el cual nos descubrieron fue un vidrio polarizado. Al parecer, en el momento del acto, el kiosquero nos estaba mirando desde adentro como si de un reality show se tratara.

-Cuando despegue el CD de la revista (o era con broche, no me acuerdo) paso siguiente lo meti abajo de la remera y logramos dar la vuelta a la esquina. Te encontraste con una amiga que se nos unio a la caminata. En la puerta de la farmacia que estaba sobre Alsina me cazaron de los pelos y me comi una piña que me dejo la cabeza dando vueltas. Recuerdo que fue sorpresiva y dolorosa. Ahi tu amiga creo que se espanto porque desaparecio automaticamente… pobre.
La vuelta al kiosco fue a los arrastrones (no porque me haya resistido, sino que por el shock supongo que mi cuerpo estaba en peso muerto) y acompañados por varias cachetaditas y empujones disimulados como para no alterar el sabado peatonal nos metieron en el kiosco.

-Los 10m que te fuiste a buscar la plata para pagar el delito fueron muy largos. Recuerdo que dije muchas veces: - No llamen a la policia, somos buenos chicos!
No recuerdo nada de lo que decia el hombre, aunque no paraba de hablarme.

-Luego de ser liberados, nos deshicimos de aquel CD ROM al estilo freesbe. Cayo entre unos arbustos de la plaza Rivadavia, todavia debe estar ahi - esas cosas tardan en degradarse.

-Al llegar al negocio de mi viejo, con media cara roja, me fue imposible ocultar la historia. Tampoco quise - nesecitaba contencion.
Sentado sobre la tabla del inodoro confese todo entre llanto y verguenza.
La reaccion de mi viejo: Vamos al kiosco y pedis perdon (“yo no te eduque para esto” “la mentira y la honradez” y todas las morales de un nacido en los años 50 en Bahia Blanca). Le rogue de rodillas que no me sometiera a semejante trauma.
El hecho que el kiosquero me haya pegado, lo puso a mi viejo en un conflicto moral - el cual supongo que no pudo resolver y paso seguido decidio pasarlo al subconsciente y dejar el trapo sucio en casa.

-Varias veces volvimos a hablar del tema, mas de grandes, ya con humor y sin fines educativos de parte de el.

-En una visita que hice a Bahia Blanca, ya pasados los 18 años, entre nuevamente al lugar del crimen. Me atendio un viejito.
Puede ser que haya sido el mismo hombre que me enseño a modo de trauma, y a temprana edad, que no puedo arrebatar las cosas cuando yo quiero, que la gente defiende brutalmente su propiedad privada y que la impunidad no es algo merecedor.
Mientras entraba al kiosco pensaba… el muy milico me emboco un puño cerrado en la mejilla con solo 11/12 años… que violento. Planeare mi venganza. Mi vida acaba de cobrar sentido. Emprendo una mision. Si aun vive, hare lenta y dolorosa su muerte, torturandolo con el filo de un CD ROM partido en 2. Si ya no vive, profanare su tumba.
Como si de Felipe (el de mafalda) se tratara, entre (bueeenas) compre un fantoche triple (ta fresco no? y si…) y segui mi camino.

Puede ser que Kali Tiji signifique buena suerte en Indu, o la cajeta de tu hermana en arameo, lo que se es que ese nombre queda marcado en mi memoria asociado con una calida mañana de otoño peatonal bahiense – y la creacion de un nuevo modelo moral a base de evitar el castigo social.

Gracias Ionito por las lineas, me resulta excelente tu manera de expresarte, me hiciste meditar acerca de aquel suceso, que indudablemente nos dejo algo. No exactamente que, pero algo.
Un saludo

Leandro dijo...

Miren como se transmite la moralidad que siendo hermano menor de uno de lo delincuentes y habiendo siendo testigo de parte de los hechos (la parte de los retos y sermones, a pesar de que nunca se me conto la historia entera), nunca me anime a robar un chicle... ni romper un timbre...